domingo, 31 de enero de 2010

¡¡RANDY BONI-SENSACIONAL ARTISTA ESCULPIENDO ARBOLES!!


Sr. Randy Boni ~ Escultura de tiempo completo, desde 1989
Sr. Randy Boni, es encargado por los dueños de propiedades comerciales, públicas y privadas de todo el país para esculpir morir o árboles dañados en monumentos de alto perfil. Utilizando principalmente una motosierra, Boni es considerado como uno de los artistas motosierra más competente en el país. Boni siempre ha dependido de la madera para ganarse la vida y tiene un profundo respeto por los árboles, el conservadurismo, la gestión forestal adecuada, y la salvaguardia de la naturaleza, no destruirla. "Si un árbol se está muriendo o tiene que ser derribados, siento que la preservación algún recuerdo del árbol con mis esculturas ", afirmó.

Randy Boni es el hijo de Mr. & Mrs. Eugene Boni, de Ridgway Pennsylvania. Crecido cerca del Bosque Nacional de Allegheny, la fauna silvestre, como ciervos, osos, halcones de cola roja, pájaros carpinteros paliado y alces, han ofrecido las referencias realistas para de las reflexiones de vida silvestre en la obra de Randy de hoy. "Estoy inquieto sobre el realismo, la proporción adecuada, y yo trato de dar vida a las criaturas que tallar", dijo Boni.

Boni niega la atribución a sus tres habilidades dimensionales, a su ceguera que sufrió durante más de 30 años de su vida joven. "Mi hermano gemelo y yo nacimos con una condición hereditaria conocida como cataratas. Fuimos legalmente ciego, y no podía ver lo suficiente jugar a la pelota, o no encaja del todo bien con los esfuerzos del deporte, aunque, seguro que intentó. Todos los niños iban a la escuela católica hasta el noveno grado, luego asistió a la escuela pública. Gimnasio, arte y carpintería fueron mis clases favoritas. Boni continuó diciendo que disfrutaba de dibujo, arcilla hilado, jabón tallado, y usando las manos para crear la forma tridimensional. cirugía en ambos ojos, permitió a Randy para ver por primera vez cuando estaba en sus 30 años. "La primera cosa que lo hizo, fue expulsado a East Branch presa para ver el cable grueso cubierto a través de ella. La gente me preguntaba (sorprendido), '¿Quieres decir que no se puede ver que el cable? "Ni siquiera podía ver que había una hoja de venas , o flores individuales se pregona.. Ahora puedo ver, y sé cuán afortunado soy en realidad ", dijo Boni.

"Toda mi familia es creativa, tallan, reproducir música, pintura, tirar de cerámica, construcción de canoas, y mi hermana Becky tiene una especial habilidad con los caballos. Todos hemos construido nuestras vidas alrededor de nuestras pasiones creativas. Mi hermano Rick y su esposa Liz han iniciaron su propia Apalaches Art Studio, Ubicado en Ridgway, donde la gente puede visitar o tomar clases de si uno quiere una experiencia creativa ", Boni siguió.

El artista es feliz dentro de su estilo de vida creativo. Aunque muy humilde, silencioso y discreto, declaró que nunca se ora por dinero, sólo reza para el trabajo en su lugar. Expresar lo mucho que ama lo que hace, se espera trabajar hasta la vejez . "Yo soy un tonto de él, he construido mi vida en la expresión creativa", responde Boni.

Lugares de interés Boni son salpicadas por todo el país que ofrece impresiones duraderas a los espectadores. "Me encanta lo que hago, voy a dejar algo atrás cuando me haya ido", afirmó Boni, ya que recorta su legado un hito a la vez.



¡IMPRESIONANTE ESPECTACULO DE FUTBOL EN CHINA!

!AQUI SE HACE LA OLA, Y SE PIENSAN QUE HAN CREADO UN VAN-GOGH!



viernes, 29 de enero de 2010

¡¡MI PAIS INVENTADO-ISABEL ALLENDE!!



MI PAIS INVENTADO-ISABEL ALLENDE

Continuemos con el libro de Isabel Allende-4ª parte-"MI PAIS INVENTADO" (la primera, segunda y tercera parte la encontrais en mis etiquetas de novela)
Sus parientes no daban que hablar, excepto el tío Jorge, buen mozo y elegante como un príncipe, con un futuro brillante a sus pies, codiciado por varias de las señoritas en edad de casarse, quien tuvo la debilidad de enamorarse de una mujer «de medio pelo», como llaman en Chile a la esforzada clase media baja. En otro país tal vez habrían podido amarse sin tragedia, pero en el ambiente en que les tocó vivir estaban condenados al ostracismo. Ella adoró al tío Jorge durante cincuenta años, pero usaba una estola de zorros apolillados, se pintaba el cabello color zanahoria, fumaba con desenfado y tomaba cerveza directo de la botella, razones sobradas para que mi bisabuela Ester le declarara la guerra y prohibiera a su hijo mencionarla en su presencia. Él obedeció calladamente, pero al día siguiente de la muerte de su madre, se casó con su amada, quien para entonces era una mujer madura y enferma de los pulmones, aunque siempre encantadora. Se amaron en la miseria sin que na-da pudiera separarlos: dos días después de que él se despachara de un ataque al corazón, a ella la encontraron muerta en la cama, envuelta en la vieja bata de su marido.

Debo decir unas palabras sobre la bisabuela Ester, porque creo que su poderosa influencia es la explicación de algunos aspectos del carácter de su descendencia y, de alguna manera, representa a la matriarca intransigente, tan común entonces y ahora. La figura materna tiene proporciones mitológicas en nuestro país, así es que no me extraña la actitud sumisa del tío Jorge. La madre judía y la mamma italiana son diletantes comparadas con las chilenas. Acabo de descubrir por casualidad que el marido de doña Ester tenía mala cabeza para los negocios y perdió las tierras y la fortuna que había heredado; parece que los acreedores eran sus propios hermanos. Al verse arruinado, se fue a la casa del campo y se destrozó el pecho de un escopetazo. Digo que acabo de saber este hecho, porque la familia lo ocultó por cien años y todavía se menciona sólo en susurros; el suicidio era considerado un pecado particularmente deleznable, porque el cuerpo no podía enterrarse en la tierra consagrada de un cementerio católico. Para evitar la vergüenza, sus parientes vistieron el cadáver con chaqueta de levita y sombrero de copa, lo sentaron en un coche con caballos y se lo llevaron a Santiago, donde pudieron darle cristiana sepultura gracias a que todo el mundo, incluso el cura, hizo la vista gorda.
Este hecho dividió a la familia entre los descendientes directos, que aseguran que lo del suicidio es calumnia, y los descendientes de los hermanos del muerto, quienes finalmente se quedaron con sus bienes. En cualquier caso, la viuda se sumió en la depresión y la pobreza. Había sido una mujer alegre y bo-nita, virtuosa del piano, pero a la muerte de su marido se vistió de luto riguroso, le puso llave al piano y desde ese día en adelante sólo salía de su casa para asistir a misa diaria. Con el tiempo la artritis y la gordura la convirtieron en una monstruosa estatua atrapada entre cuatro paredes. Una vez por semana el párroco le llevaba la comunión a la casa. Esa viuda sombría inculcó a sus hijos la idea de que el mundo es un valle de lágrimas y aquí estamos sólo para sufrir. Presa en su sillón de inválida, juzgaba las vidas ajenas; nada escapaba a sus ojitos de halcón y su lengua de profeta. Para la filmación de la película de La casa de los espíritus debieron trasladar, desde Inglaterra hasta el estudio en Copenhague, a una actriz del tamaño de una ballena para ese papel, después de quitar varios asientos del avión para contener su inverosímil corpulencia. Aparece apenas un instante en la pantalla, pero produce una impresión memorable.

Al contrario de doña Ester y su descendencia, gente solemne y seria, mis tíos maternos eran alegres, exuberantes, derrochadores, enamoradizos, buenos para apostar a los caballos, tocar música y bailar la polca. (Esto de bailar es poco usual en-tre los chilenos, que en general carecen de sentido del ritmo. Uno de los grandes descubrimientos que hice en Venezuela, donde fui a vivir en 1975, es el poder terapéutico del baile. Apenas se juntan tres venezolanos, uno tamborea o toca la gui-tarra y los otros dos bailan; no hay pena que resista ese tratamiento. Nuestras fiestas, en cambio, se parecen a los funerales: los hombres se arrinconan para hablar de negocios y las mujeres se aburren. Sólo bailan los jóvenes, seducidos por la música norteamericana, pero apenas se casan se ponen solemnes, como sus padres.) La mayor parte de las anécdotas y per-sonajes de mis libros se basan en la original familia Barros. Las mujeres eran delicadas, espirituales y divertidas. Los varones eran altos, guapos y siempre dispuestos para una pelea a puñetes; también eran «chineros», como llamaban a los aficionados a los burdeles, y más de uno acabó con alguna enfermedad misteriosa. Imagino que la cultura del prostíbulo es importante en Chile, porque aparece una y otra vez en la literatura, como si nuestros autores vivieran obsesionados con ello. A pesar de que no me considero una experta en el tema, no me libré de crear a una prostituta con corazón de oro, Tránsito Soto, en mi primera novela.
Tengo una centenaria tía abuela que aspira a la santidad y cuyo único deseo es entrar al convento, pero ninguna congregación, ni siquiera las Hermanitas de la Caridad, la tolera más de un par semanas, así es que la familia ha tenido que hacerse cargo de ella. Créame, no hay nada tan insoportable como un santo, no se lo deseo ni a mi peor enemigo. En los almuerzos dominicales en casa de mi abuelo, mis tíos hacían planes para asesinarla, pero siempre lograba escapar ilesa y aún está viva. En su juventud esta dama usaba un hábito de su invención, cantaba a todas horas himnos religiosos con voz angélica y al menor descuido se escapaba para ir a la calle Maipú a catequi-zar a gritos a las niñas de vida alegre, que la recibían con una lluvia de verduras podridas. En la misma calle el tío Jaime, primo de mi madre, se ganaba el dinero para sus estudios de medicina aporreando un acordeón en las «casas de mala vida». Amanecía cantando a todo pulmón una canción llamada «Yo quiero una mujer desnuda», lo cual causaba tal escándalo que salían las beatas a protestar.
En esos tiempos la lista negra de la Iglesia católica incluía libros como El conde de Montecristo; imagine el espanto que puede haber causado el deseo por una mujer desnuda vociferado por mi tío. Jaime llegó a ser el pediatra más célebre y queri-do del país, el político más pintoresco capaz de recitar sus discursos en verso rimado en el Senado y sin duda el más radical de mis parientes, comunista a la izquierda de Mao, cuando Mao todavía estaba en pañales. Hoy es un anciano hermoso y lúci-do, que usa calcetines color rojo encendido como símbolo de sus ideas políticas. Otro de mis parientes se quitaba los pantalones en la calle para dárselos a los pobres y su fotografía en calzoncillos, pero con sombrero, chaqueta y corbata, solía aparecer en los periódicos. Tenía tan alta idea de sí mismo, que en su testamento dejó instrucciones para ser enterrado de pie, así podría mirar a Dios directo a los ojos cuando tocara la puerta del cielo.

Nací en Lima, donde mi padre era uno de los secretarios de la embajada. La razón por la cual me crié en casa de mi abuelo en Santiago es que el matrimonio de mis padres fue un desastre desde el principio. Un día, cuando yo tenía alrededor de cuatro años, mi padre salió a comprar cigarrillos y no regresó más. La verdad es que no fue a comprar cigarrillos, como siempre se dijo, sino que partió de parranda disfrazado de india peruana, con polleras multicolores y una peluca de trenzas lar-gas. Dejó a mi madre en Lima, con un montón de cuentas impagas y tres niños, el menor recién nacido. Supongo que ese primer abandono hizo alguna muesca en mi psique, porque en mis libros hay tantas criaturas abandonadas, que podría fundar un orfelinato; los padres de mis personajes están muertos, desaparecidos o son tan autoritarios y distantes, que es como si existieran en otro planeta. Al encontrarse sin marido y a la deriva en un país extranjero, mi madre debió vencer el monumental orgullo en que había sido criada y regresar al hogar de mi abuelo. Mis primeros años en Lima están borrados por la niebla del olvido; todos los recuerdos de mi infancia están ligados a Chile.
Crecí en una familia patriarcal en la cual mi abuelo era como Dios: infalible, omnipresente y todopoderoso. Su casa en el barrio de Providencia no era ni sombra de la mansión de mis bisabuelos en la calle Cueto, pero durante mis primeros años fue mi universo. No hace mucho fue a Santiago un periodista japonés con la intención de fotografiar la supuesta «gran casa de la esquina» que aparece en mi primera novela. Fue inútil explicarle que era ficción. Al cabo de tan largo viaje, el pobre hombre se llevó un tremendo chasco, porque Santiago ha sido demolido y vuelto a construir varias veces desde entonces. Nada dura en esta ciudad. La casa que construyó mi abuelo ahora es una discoteca de mala muerte, un deprimente engendro de plástico negro y luces psicodélicas. La residencia de la calle Cueto, que fuera de mis bisabuelos, desapareció hace muchos años y en su sitio se alzan unas torres modernas para inquilinos de bajos ingresos, irreconocibles entre tantas docenas de edificios similares.

Permítame un comentario sobre aquella demolición, como capricho sentimental. Un día las máquinas del progreso llegaron con la misión de pulverizar la casona de mis antepasados y du-rante semanas los implacables dinosaurios de hierro aplanaron el suelo con sus patas dentadas. Cuando por fin se asentó la polvareda de beduinos, los pasantes pudieron comprobar asombrados que en ese descampado todavía se erguían intactas varias palmeras. Solitarias, desnudas, con sus melenas mustias y un aire de humildes cenicientas, esperaban su fin; pero, en vez del temido verdugo, aparecieron unos trabajado-res sudorosos y, como diligentes hormigas, cavaron trincheras alrededor de cada árbol, hasta desprenderlo del suelo. Los esbeltos árboles aferraban puñados de tierra seca con sus delgadas raíces. Las grúas se llevaron las palmeras heridas hasta unos hoyos, que los jardineros habían preparado en otro lugar, y allí las plantaron. Los troncos gimieron sordamente, las hojas se cayeron en hilachas amarillas y por un tiempo parecía que nada podría salvarlas de tanta agonía, pero son criaturas tenaces. Una lenta rebelión subterránea fue extendiendo la vida, los tentáculos vegetales se abrieron paso, mezclando los restos de tierra de la calle Cueto con el nuevo suelo. En una primavera inevitable amanecieron las palmeras agitando sus pelucas y contorneando la cintura, vivas y renovadas, a pesar de todo. La imagen de esos árboles de la casa de mis antepasados me viene con frecuencia a la mente cuando pienso en mi destino de desterrada. Mi suerte es andar de un sitio para otro y adaptar-me a nuevos suelos. Creo que lo logro porque tengo puñados de mi tierra en las raíces y siempre los llevo conmigo. En todo caso, el periodista japonés que fue al fin del mundo a fotografiar una mansión de novela regresó a su patria con las manos vacías.

La casa de mi abuelo era igual a las de mis tíos y a la de cualquier otra familia de un medio similar. Los chilenos no se caracterizan por la originalidad: por dentro sus casas son todas más o menos iguales. Me dicen que ahora los ricos contratan decoradores y compran hasta las llaves de los baños en el extranjero, pero en aquellos tiempos nadie había oído hablar de decoración interior. En el salón, barrido por inexplicables corrientes de aire, había cortinajes de felpa color sangre de toro, lámparas de lágrimas, un desafinado piano de cola y un gran reloj de bulto, negro como un ataúd, que marcaba las horas con campanazos fúnebres. También había dos horrendas figu-ras de porcelana francesa de unas damiselas con pelucas empolvadas y unos caballeros de tacones altos. Mis tíos las usaban para afinar los reflejos: se las lanzaban por la cabeza unos a otros, con la vana esperanza de que cayeran al suelo y se hicieran pedazos. La casa estaba habitada por humanos excéntricos, mascotas medio salvajes y algunos fantasmas amigos de mi abuela, quienes la habían seguido desde la mansión de la calle Cueto y que, incluso después de su muerte, siguieron rondándonos.
Mi abuelo Agustín era un hombre sólido y fuerte como un guerrero, a pesar de que nació con una pierna más corta que la otra. Nunca se le pasó por la mente consultar a un médico por ese asunto, prefería a un «componedor». Se trataba de un ciego que arreglaba las patas de los caballos accidentados en el Club Hípico y sabía más de huesos que cualquier traumatólogo. Con el tiempo la cojera de mi abuelo empeoró, le dio artritis y se le deformó la columna vertebral, de modo que cada movimiento era un suplicio, pero nunca lo oí quejarse de sus dolores o sus problemas, aunque como cualquier chileno que se respete, se quejaba de todo lo demás. Aguantaba el tormento de su pobre esqueleto con puñados de aspirinas y largos tragos de agua. Después supe que no era agua inocente, sino ginebra, que bebía como un pirata, sin que le afectara la conducta o la salud. Vivió casi un siglo sin perder ni un solo tornillo de su cerebro. El dolor no lo disculpaba de sus deberes de caballerosidad y hasta el fin de sus días, cuando era sólo un atado de huesos y pellejo, se levantaba trabajosamente de su silla para saludar y despedir a las señoras.
Sobre mi mesa de trabajo tengo su fotografía. Parece un campesino vasco. Está de perfil, con una boina negra en la cabeza, que acentúa su nariz de águila y la expresión firme de su rostro marcado de caminos. Envejeció armado por la inteligencia y reforzado por la experiencia. Murió con una mata de pelo blanco y su mirada azul tan perspicaz como en la juventud. ¡Qué difícil es morirse!, me dijo un día, cuando ya estaba muy cansado del dolor de huesos. Hablaba en proverbios, sabía cientos de cuentos populares y recitaba de memoria largos poemas. Este hombre formidable me dio el don de la disciplina y el amor por el lenguaje, sin los cuales hoy no podría dedicarme a la escritura. También me enseñó a observar la naturaleza y amar el paisaje de Chile. Decía que, tal como los romanos viven entre estatuas y fuentes sin percatarse de ellas, los chilenos vivimos en el país más deslumbrante del planeta sin apre-ciarlo. No percibimos la quieta presencia de las montañas nevadas, los volcanes dormidos y los cerros inacabables que nos cobijan en monumental abrazo; no nos sorprende la espumante furia del Pacífico estrellándose en las costas, ni los quietos lagos del sur y sus sonoras cascadas; no veneramos como peregrinos la milenaria naturaleza de nuestro bosque nativo, los paisajes lunares del norte, los fecundos ríos araucanos, o los glaciares azules donde el tiempo se ha trizado.
Estamos hablando de los años cuarenta y cincuenta... ¡cuánto he vivido, Dios mío! Envejecer es un proceso paulatino y solapado. A veces se me olvida el paso del tiempo, porque por dentro aún no he cumplido los treinta; pero inevitablemen-te mis nietos me confrontan con la dura verdad cuando me preguntan si en «mi época» había electricidad. Estos mismos nietos sostienen que hay un pueblo dentro de mi cabeza donde los personajes de mis libros viven sus historias. Cuando les cuento anécdotas de Chile creen que me refiero a ese pueblo inventado.

UN PASTEL DE MILHOJAS

¿Quiénes somos los chilenos? Me resulta difícil definirnos por escrito, pero de una sola mirada puedo distinguir a un compatriota a cincuenta metros de distancia. Además me los encuentro en todas partes. En un templo sagrado de Nepal, en la selva del Amazonas, en un carnaval de Nueva Orleans, sobre los hielos radiantes de Islandia, donde usted quiera, allí hay algún chileno con su inconfundible manera de caminar y su acento cantadito. Aunque a lo largo de nuestro delgado país estamos separados por miles de kilómetros, somos tenazmente parecidos; compartimos el mismo idioma y costumbres similares. Las únicas excepciones son la clase alta, que desciende sin muchas distracciones de europeos, y los indígenas, aymaras y algunos quechuas en el norte, y mapuches en el sur, que luchan por mantener sus identidades en un mundo donde hay cada vez menos espacio para ellos.
Crecí con el cuento de que en Chile no hay problemas raciales. No me explico cómo nos atrevemos a repetir semejante falsedad. No hablamos de racismo, sino de «sistema de clases» (nos gustan los eufemismos), pero son prácticamente la misma cosa. No sólo hay racismo y/o clasismo, sino que están enraizados como muelas. Quien sostenga que es cosa del pasado se equivoca de medio a medio, como acabo de comprobar en mi última visita, cuando me enteré que uno de los alumnos más brillantes de la Escuela de Leyes de la Universidad de Chile fue rechazado en un destacado bufete de abogados, porque «no calzaba con el perfil corporativo». En otra palabras, era mestizo y tenía un apellido mapuche. A los clientes de la firma no les daría confianza ser representados por él; tampoco aceptarían que saliera con alguna de sus hijas. Tal como ocurre en el resto de América Latina, nuestra clase alta es relativamente blanca y mientras más se desciende en la empinada escala social, más acentuados son los rasgos indígenas. Sin embargo, a falta de otras referencias, la mayoría de los chilenos nos consideramos blancos; fue una sorpresa para mí descubrir que en Estados Unidos soy «persona de color». (En una ocasión, en la cual debí llenar un formulario de inmigración, me abrí la blusa para mostrarle mi color a un funcionario afroamericano, quien pretendía colocarme en la última categoría racial de su lista: «Otra». Al hombre no le pareció divertido.)
Aunque no quedan muchos indios puros –más o menos un diez por ciento de la población– su sangre corre por las venas de nuestro pueblo mestizo. Los mapuches son por lo general de baja estatura, piernas cortas, tronco largo, piel morena, pelo y ojos oscuros, pómulos marcados. Sienten una desconfianza atávica –y justificada– contra los no indios, a quienes llaman «huincas», que no significa «blancos», sino «ladrones de tierra». Estos indios, divididos en varias tribus, contribuyeron fuertemente a forjar el carácter nacional, aunque antes nadie que se respetara admitía ni la menor asociación con ellos; tení-an fama de borrachos, perezosos y ladrones. No es ésa la opinión de don Alonso de Ercilla y Zúñiga, notable soldado y escritor español, quien estuvo en Chile a mediados del siglo XVI y escribió La Araucana, un largo poema épico sobre la conquista española y la feroz resistencia de los indígenas. En el prólogo se dirige al rey, su señor, diciendo de los araucanos que: «... con puro valor y porfiada determinación hayan redimido y sustentado su libertad, derramando en sacrificio de ella tanta sangre, así suya como de españoles, que con verdad se puede decir, haber pocos lugares que no estén de ella teñidos, y poblados de huesos ... Y es tanta la falta de gente, por la mucha que ha muerto en esta demanda, que para hacer más cuerpo y henchir los escuadrones vienen también las mujeres a la guerra, y peleando algunas veces como varones, se entregan con grande ánimo a la muerte».
En los últimos años algunas tribus mapuches se han suble-vado y el país no puede ignorarlos por más tiempo.

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¡CERDO ASADO A LA CANTONESA! RECETA ORIGINAL



Cerdo asado a la cantonesa

Ingredientes:
1 trozo de cerdo deshuesado y sin corteza de 1 kg. (como jamón, paletilla,
lomo, magro, etc.con algo de tocino)
2 cucharadas de miel líquida
2 cucharadas de salsa hoisin
2 cucharadas de salsa amarilla de soja molida
4 cucharadas de salsa de soja líquida
6 cucharadas de azúcar
1 cucharada de vino Shaohsing o jerez semiseco
1 cucharilla de sal

Preparación:
Secar la carne con papel absorbente y cortarla en 4 tiras a lo largo. No
quitéis el tocino para que quede más jugoso al asarlo. Dar 4 cortes en
diagonal a lo ancho de cada tira de cerdo, hasta las 3/4 partes del espesor,
sin separar las tiras. De este modo penetrará mejor el adobo (y es la
presentación tradicional).
Mezclar los ingredientes, a excepción de la miel, para la maceración en un
perol. Añadir las tiras de cerdo y cubrirlas bien con el líquido, pinchándolas
con un tenedor para que penetre mejor.
Dejar la mezcla a la temperatura
ambiente 4 horas, dando vueltas a las tiras cada 30 minutos con un tenedor,
con el que las pinchareis.
Calentar el horno a 190 grados C. Cuando esté caliente, escurrir las tiras de
cerdo, reservando el adobo, y ponerlas una junto a otra sobre una rejilla en
la parte superior del horno.
En la ranura inferior poner una rustidera con 1-
2 cm. de agua. Hornear 30 minutos. Al cabo de este tiempo, la carne estará
tostada con un tono marrón-rojizo.
Sacar la rejilla del horno, pasar cada tira
de carne por el adobo y ponerla de nuevo en el horno del otro lado. Hornear
20-25 minutos.
Pasar las tiras a otra rejilla, (fría). Untarlas inmediatamente,
la carne tiene que estar muy caliente, con miel por todos los lados, incluido
el interior de los cortes.
En un cacito llevar a ebullición el líquido de maceración reservado y el de
la rustidera, reducir los dos líquidos hasta obtener una salsa, pasarlo a una
salsera caliente, Trinchar la carne, presentar armadas las tiras y servir con
la salsa.

Notas:
Tradicionalmente se asa a la parrilla.
Los tiempos serán menores haciendo a la brasa.
Si la hacéis a la parrilla, a mitad de la cocción, metéis las piezas de
carne en la marinada. Los tiempos de horno son orientativos y dependen,
como es obvio, del grosor de las tajadas.
Cuando trocéis la carne, hay que
hacerlo con un cuchillo muy afilado, ya que hay que volver a reconstruir
las piezas como si no estuvieran cortadas. Podéis adornar el plato con unas
verduras crudas torneadas.

SALSA HOISIN:


La salsa hoisin es espesa de color café oscuro y sabor dulce, picante y especiado.
Algunos de sus ingredientes son agua, jalea de maíz, azúcar, vinagre, camote, aceite de ajonjolí (sésamo), chile, sal, ajo, pimienta de Cayena y otras especias.
Es muy utilizada en las recetas de comida China. Es ideal para hacer preparaciones en el wok de aves, carnes o pescados salteados. También se utiliza para acompañar las crepes de pato laqueado a la pekín.
Su sabor es muy fuerte por lo que les recomiendo utilizarla en pequeñas cantidades. Y después de abierta hay que conservarla refrigerada.
Se consigue en los establecimientos donde venden productos asiáticos

jueves, 28 de enero de 2010

¡VIDEO ESPECTACULAR DE Yellowstone National Park!

National Parks: Yellowstone National Park

Os dejo un video del National Park Yellowstone-en America. Es espectacular.


¡OVNIS.AVISTAMIENTOS EN CHILE.CUARTO MILENIO!

Muchas noticias en las últimas semanas han salpicado los medios de comunicación haciendo referencia a avistamientos Ovni en Chile.



¡FLORENCIA-CIUDAD DEL RENACIMIENTO! VIDEO QUE MUESTRA LO MAS IMPORTANTE DE LA CIUDAD DE FLORENCIA

FLORENCIA.

Video que muestra lo más importante de la ciudad de Florencia, haciendo énfasis en la época del Renacimiento. aunque muy general, es muy útil como punto de partida para el tema en historia del arte.

miércoles, 27 de enero de 2010

¡PROPIEDADES DE LA PLANTA "ALOE-VERA"!


PROPIEDADES DEL "ALOE-VERA"
El Aloe Vera o Sabila, como se conoce en America de Sur, es una planta de Gran poder.

La NASA, la ha escogido, entre otras muchas, como la planta que absorbe el noventa por ciento de la toxicidad, que producen materiales como: PVC, Fibra de Vidrio, Barniz, Pintura,etc. y también las radiaciones que transmiten los ordenadores, la televisión y otros aparatos electrodomésticos.

En muchos sitios se le considera como proptectora y portadora de buena suerte, ya que esta protege las lares y los negocios de los que tienen una. Se recomienda tener una, en un sitio social de la casa. En este sentido, su uso está muy extendido en America del Sur, México y América Central, colocándola preferentemente en las zonas de paso, para detectar y absorber la energia extraña o negativa de las visitas.



Es de costumbre poner un lazo de color Rojo en el Aloe Vera, cuando se invoca al Amor, y un lazo de color Verde, cuando se invoca a la suerte. También se cuelgan por la raiz, detrás de la puerta de entrada a la casa, para protegerlas. Es muy frecuente su uso, según en que rituales, por su gran poder energético. Se puede comparar con el poder del diamante en el mundo mineral. En su sentido místico, se le atribuye el poder de purificar el alma.

Uso del Aloe Vera

Se han de cortar las hojas más bajas, exteriores y más próximas a la tierra, porque son las más viejas y tienen concentradas todas sus propiedades curativas. La herida cicatriza sin alterar el crecimiento de la planta. Se corta el trozo que se necesita, se sacarán los bordes espinosos; si es para uso interno, se separa la piel y se come la pulpa. Se ha de tener un rato en la boca y masticarla, hasta que esta quede líquida antes de tragarla. Si és para uso externo, se sacan los márgenes espinosos, se abre el trozo por la mitad, y se aplica frotando a modo de cataplasma. Se puede calentar la hoja, pasándola cerca de una fuente de calor antes de su uso.

Es posible tener una sensación babosa en la boca, a causa de su extructura gelatinosa. Esta sensación, dura aproximadamente un par de minutos, es así como se absorbe toda su riqueza, pero si no se puede aguantar, entonces se pasa la pulpa por una batidora, mezclándose, con cualquier clase de zumo de fruta.

No es recomendable ingerir Aloe durante el periodo de embarazo, ya que este es astringente. Por lo tanto, se recomienda, excepto en casos de piel con exceso de grasa, alternan el uso de la planta con algún aceite o crema hidratante.

Se ha de remarcar, que la constancia es fundamental para obtener buenos resultados. En tratamiento largos por via interna (osteoporosis, psoriasis, diabetes,…) és conveniente, después de cada mes de ingestión de pulpa, descansar una semana, por que el organismo asimile los efectos.

Mantenimiento y Cultivo

El Aloe Vera tiene dos enemigos naturales: el exceso de agua y el frio por debajo de lo 0ºC. Es muy resistente a la plagas y a la falta de agua.

Para su cultivo, es mejor hacerlo en maceta de barro en vez de plástico. Este lo llenaremos con tierra normal de exterior, con un 50% de turba, a partes iguales. En el fondo pondremos un drenaje de dos dedos de gravilla. Se cubrirá la planta hasta el nacimiento de las hojas, esperando un par de semanas, para empezar su riego, así dará tiempo a cicatrizar sus heridas durante el trasplante. Situar la planta en lugar soleado y cálido, donde tenga mucha luz de sol. En el invierno, la protegeremos del frío. Su reproducción mediante hijos que le nacen alrededor. Cuando éstos tengan una altura de cuatro dedos, se han de separar de la planta adulta. Lo podemos hacer de dos maneras:

Urgando con los dedos, hasta encontrar su union de madre e hijo o sacándola totalmente de la maceta, separándola de la madre con más precisión y con todas sus raíces, aprovechanndo así, para recortar las raices de la planta madre, si es que las tiene demasiado largas, y añadiendo abono vegetal orgánico en la tierra al plantarlo de nuevo, hay que recordar, que no se puede regar durante las dos primeras semanas despues de su transplante.

Se dejan secar las heridas, durante un par de semanas, sin exponerlos al sol directamente, pudiendo plantarlos individualmente en maceta.

Hay muchos tipos de Aloe Vera. Para evitar que la planta se pueda polinizar por otra clase de Aloe Vera y las semillas se vuelvan híbridas, hay que asegurarse que no hay otros aloes cerca (recordar, que el viento es un agente polinizador muy activo).

Todas las plantas de Aloe Vera tienen propiedades curativas, sobre todo las adultas, de tres años aproximadamente.



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martes, 26 de enero de 2010

¡¡PAUL GAUGUIN-PINTOR Y ESCULTOR FRANCES!!

Paul Gauguin


(París 1848 - isla Dominicana de las Antillas Inglesas 1903)



Eugène Henri Paul Gauguin, pintor y escultor francés, de hecho uno de los pintores franceses más importantes del siglo XIX. Su obra marcó el nacimiento y la evolución del fauvismo, movimiento artístico que se desarrolló entre 1898 y 1908.
Nieto de la escritora y feminista peruana Flora Tristán (hija de un coronel español, al servicio del Perú, y de una francesa), Gauguin pertenecía a una familia liberal. Era hijo de Clovis Gauguin, un periodista antimonárquico y de Aline Marie Chazal. Tras el golpe de Estado de Napoleón III de 1851 en América, cuando él era todavía muy pequeño huyeron todos a Lima. En 1855 volvió a Francia, estudiando en el Seminario y en el Liceo de Orleáns.
A los diez y siete años se embarcó como agregado y perteneció a la marina hasta 1871. Residió en Ruán, Copenhague, Pouldu, Concarneau, Arles, Tabiti y París.
Se reveló como paisajista y reprodujo con gran naturalidad, que es la fuerza que caracteriza a sus obras, los lugares más pintorescos de Bretaña. Marchó a Oceanía para encontrar un ambiente a propósito a sus necesidades, sorprendiendo al público con sus escenas oceánicas, completamente desconocidas y nuevas en el arte , que denotaron poderosas cualidades decorativas en su autor.
Fue el fundador de la Escuela de Pont-Aven a su regreso en París en 1890 y sus grandes amigos fueron van Gogh y Pisarro. En 1893 celebró una exposición de sus obras en Durand-Ruel.
Produjo igualmente numerosos aguafuertes y litografías muy interesantes. Algunas de sus obras más importantes son: Dibujos litográficos, El inventario, Barcas, Vacas a orillas de un río, Asno descansando, Buenas noches, Retrato de su madre, En Tahiti y Jardín de París, una de sus mejores obras que se conserva en el museo de Copenhague. El arte de Gauguin sólo se comprende desde el punto de vista personal suyo, de su afición por lo primitivo, por lo indio. Esto se advierte tanto en sus pinturas como en sus esculturas de tipo oceánico, y aun en los pocos escritos que dejó.
¿Sabías que alguna de las obras de Paul Gauguin se encuentran entre las más caras del mundo?
•Maternité (II)
•Mata Mua
•Deux femmes o La chevelure fleurie



































































lunes, 25 de enero de 2010

¡¡MARIA ANTONIA RODRIGUEZ NAVARRO-ESPECTACULARES SUS PINTURAS!!


A continuacion os invito a conocer y saborear el arte de Maria-Antonia Rodriguez Navarro. Tan solo os muestro una parte de sus pinturas, son Fantasticas. Enhorabuena Maria Antonia.
Si quereis visitar su blog (http://mariantonia-acuarelas.blogspot.com/) o bien enlazar desde mi lista de blogs.