domingo, 30 de diciembre de 2012

¡¡Gheorghe Zamfir - A Whiter Shade Of Pale!!

¡¡A PUNTO DE FINALIZAR ESTE AÑO 2012, PARA LA ENTRADA DEL NUEVO 2013-MIS MEJORES DESEOS PARA TODO EL PLANETA, PAZ Y SOLIDARIDAD, QUE TODOS LOS SERES QUE EN EL HABITAMOS,  POR FIN SEAMOS UNO!! Marian,naturmar.

viernes, 28 de diciembre de 2012

¡¡SABIOS PRECEPTOS CHEROKEES!!



 Escucha con tu corazón Cuando despiertes por la mañana, agradécele al Creador, a las cuatro direcciones, a la Madre Tierra, al Padre Cielo, y a todas nuestras relaciones, por la vida dentro de ti y por toda la vida a tu alrededor. 


Recuerda que todas las cosas están conectadas. Todas las cosas tienen propósito. Considera rendir un “obsequio” distribuyendo tus posesiones a otros que están en necesidad. Estás atado a tus palabras, las cuales no pueden romperse a no ser con el permiso de aquellos a los que se les prometió. Busca armonía y equilibrio en todas las cosas. Siempre es importante recordar dónde estás en relación a todo lo demás y contribuir al Círculo de cualquier manera que puedas, siendo un “ayudante” y protector de la vida. Compartir es la mejor parte de recibir.


 Ejerce silencio y paciencia en todas las cosas, como un reflejo de auto-control, resistencia, dignidad, reverencia, y calma interna. Ejerce modestia en todas las cosas, evitando fanfarroneo y comportamiento llamativo que atraiga atención hacia ti mismo. Conoce las cosas que contribuyen a tu bienestar, y aquellas cosas que conducen a tu destrucción. Siempre pide permiso, y da algo por todo lo que es recibido, incluyendo agradecer, y honrar todas las cosas vivientes.


 Sé consciente de lo que está a tu alrededor, de lo que está dentro de ti, y siempre muestra respeto. Trata con respeto a cada persona, desde el niño más pequeño hasta el anciano más viejo. No mires fijamente a otros; baja tu mirada como una señal de respeto, especialmente en presencia de Ancianos, maestros, u otras personas honradas. Siempre da una señal de bienvenida cuando pase un amigo o un extraño. Nunca critiques o hables sobre alguien de una forma negativa perjudicial. 


Nunca toques sin permiso algo que le pertenezca a alguien más. Respeta la privacidad de cada persona, asegurándote de nunca inmiscuirte en los momentos tranquilos o en el espacio personal de alguien. Nunca interfieras en los asuntos de otro haciendo preguntas u ofreciendo consejos. Nunca interrumpas a otros. En el hogar de otras personas, sigue sus costumbres más que las tuyas. Trata con respeto a todas las cosas sagradas de otros, ya sea si las entiendas o no. 


Trata a la Tierra como tu madre; entrégale, protégela, hónrala; muestra profundo respeto por aquellos del mundo animal, mundo de las plantas, y mundo mineral. Escucha la orientación ofrecida por todo tu entorno; espera que esta orientación venga en forma de oración, sueños, soledad silenciosa, y en palabras y hechos de Ancianos sabios, y amigos. Escucha con tu corazón. 

Aprende de tus experiencias, y siempre sé abierto a las nuevas. Siempre recuerda que una sonrisa es algo sagrado, para ser compartido. Vive cada día cuando llegue.




jueves, 27 de diciembre de 2012

¡¡SOPA DE MARISCO-RECETA DE DIRECTO AL PALADAR!!


Ingredientes para un regimiento 

 1 merluza, 
1 kg. de almejas, 
1 kg. de gambas, 
1 kg. de mejillones, 
colas de rape, cebolla, ajo, 
vino blanco, pimentón y guindillas 

 Cómo hacer sopa de marisco 

. Una vez nos hemos asegurado unos buenos ingredientes, se empieza cociendo
 la merluza y las colas de rape unos minutinos. 
Se cuela el caldo, se desmenuza la merluza y las colas de rape y se reserva 
—esto se puede hacer el día anterior—, 
luego se cuecen también las gambas, se cuela el caldo, 
se pelan y se reservan tanto las cabezas y colas como la carne. 
También abrimos los mejillones al vapor, les quitamos las cáscaras y los reservamos. En una cazuela 




lo suficientemente grande se añade el caldo de la merluza, la merluza desmenuzada y el caldo de las gambas y los mejillones, y se deja cocer a fuego lentísimo, también vamos añadiendo las almejas en su caldo. Por otro lado, se trituran las cabezas y la piel de las gambas con la batidora, añadiendo un poco de agua, que luego colaremos y añadiremos al caldo para darle color. 

Este proceso conviene repetirlo varias veces, añadiendo también las colas de rape e incluso dando un golpe de cocción, hasta que veamos que el agua ya no coge color por mucho que trituremos. 
 Ahora ya tenemos un buen caldo de marisco, con un color interesante, que está cociéndose a fuego lento, cogiendo cuerpo, pero aún le falta algo: la salsa rubia. 



En una sartén con aceite pochamos varias cebollas picadas bien fino, con unos dientes de ajo también picados. 
Cuando la cebolla esté casi deshecha añadimos un chorro de vino blanco, algo de agua y pimentón, 
dejamos que reduzca un poco y la añadimos a la cazuela. 
 Por último, debemos añadir los mejillones, las gambas peladas y alguna sin pelar ni cocer que hayamos reservado desde el principio, y también ajustar de sal, aunque normalmente el marisco 
hará que no debamos añadir demasiada. 
También podemos echar alguna guindilla (para esa cazuela usó tres, y estaba ligeramente picante), tened en cuenta que la guindilla irá dando sabor incluso finalizada la cocción, así que mejor no pasarnos. 

ENLACE: http://www.directoalpaladar.com/recetas-de-sopas-y-cremas/sopa-de-marisco-la-receta-de-navidad-de-mi-abuela






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viernes, 21 de diciembre de 2012

¡¡El Gigante Egoísta - Oscar Wilde!!



 Todas las tardes, a la salida de la escuela, los niños se habían acostumbrado a 
ir a jugar al jardín del gigante. 
Era un jardín grande y hermoso, cubierto de verde y suave césped. 
Dispersas sobre la hierba brillaban bellas flores como estrellas,
 y había una docena de melocotones que, en primavera, se cubrían 
de delicados capullos rosados, y en otoño daban sabroso fruto. 
 Los pájaros se posaban en los árboles y cantaban tan deliciosamente 
que los niños interrumpían sus juegos para escucharlos.
 -¡Qué felices somos aquí!- se gritaban unos a otros. 
 Un día el gigante regresó. 
Había ido a visitar a su amigo, el ogro de Cornualles, 
y permaneció con él durante siete años. 
Transcurridos los siete años, había dicho todo lo que tenía que decir, 
pues su conversación era limitada, y decidió volver a su castillo. 
Al llegar vio a los niños jugando en el jardín. 
 -¿Qué estáis haciendo aquí?- les gritó con voz agria. 
Y los niños salieron corriendo.

 -Mi jardín es mi jardín- dijo el gigante. 

-Ya es hora de que lo entendáis, 


y no voy a permitir que nadie mas que yo juegue en él. 
 Entonces construyó un alto muro alrededor y puso este cartel: 
 Prohibida la entrada. 
 Los transgresores serán procesados judicialmente. 
 Era un gigante muy egoísta.
 Los pobres niños no tenían ahora donde jugar. 
 Trataron de hacerlo en la carretera, 
pero la carretera estaba llena de polvo y agudas piedras, 
y no les gustó. 
 Se acostumbraron a vagar, una vez terminadas sus lecciones, 
alrededor del alto muro, para hablar del hermoso 
jardín que había al otro lado. 
 -¡Que felices éramos allí!- se decían unos a otros. 
 Entonces llegó la primavera y todo el país 
se llenó de capullos y pajaritos. Solo en el jardín 
del gigante egoísta continuaba el invierno. 
 Los pájaros no se preocupaban de cantar en él desde 
que no había niños, y los árboles se olvidaban de florecer. 

Solo una bonita flor levantó su cabeza entre el césped, 



pero cuando vio el cartel se entristeció tanto,
pensando en los niños, que se dejó caer otra vez en tierra 
y se echó a dormir. 
 Los únicos complacidos eran la Nieve y el Hielo. 
 -La primavera se ha olvidado de este jardín- gritaban. 
-Podremos vivir aquí durante todo el año 
 La Nieve cubrió todo el césped con su manto blanco 
y el Hielo pintó de plata todos los árboles. 
Entonces invitaron al viento del Norte a pasar una temporada con ellos, 
y el Viento aceptó.
 Llegó envuelto en pieles y aullaba todo el día por el jardín,
 derribando los capuchones de la chimeneas. 
 -Este es un sitio delicioso- decía. 
-Tendremos que invitar al Granizo a visitarnos. 
 Y llegó el Granizo. 
Cada día durante tres horas tocaba el tambor sobre el tejado del castillo, 
hasta que rompió la mayoría de las pizarras, 

y entonces se puso a dar vueltas alrededor del jardín 

corriendo lo más veloz que pudo. 
Vestía de gris y su aliento era como el hielo. 
 -No puedo comprender como la primavera tarda tanto en llegar


- decía el gigante egoísta, al asomarse a la ventana y 
ver su jardín blanco y frío. 
-¡Espero que este tiempo cambiará! 
 Pero la primavera no llegó, y el verano tampoco. 
El otoño dio dorados frutos a todos los jardines, 
pero al jardín del gigante no le dio ninguno. 
 -Es demasiado egoísta- se dijo. 
 Así pues, siempre era invierno en casa del gigante, 
y el Viento del Norte, el Hielo, 
el Granizo y la Nieve danzaban entre los árboles. 
 Una mañana el gigante yacía despierto en su cama, 
cuando oyó una música deliciosa. 
Sonaba tan dulcemente en sus oídos que creyó sería 
el rey de los músicos que pasaba por allí. 
En realidad solo era un jilguerillo que cantaba ante su ventana,
 pero hacía tanto tiempo que no oía cantar un pájaro en su jardín, 
que le pareció la música más bella del mundo.
 Entonces el Granizo dejó de bailar sobre su cabeza, 
el Viento del Norte dejó de rugir, 
y un delicado perfume llegó hasta él, a través de la ventana abierta. 
 -Creo que, por fin, ha llegado la primavera- dijo el gigante; 
y saltando de la cama miró el exterior.
 ¿Qué es lo que vio? Vio un espectáculo maravilloso. 
Por una brecha abierta en el muro los niños habían 
penetrado en el jardín, habían subido a los árboles 
y estaban sentados en sus ramas. 
En todos los árboles que estaban al alcance de su vista, 
había un niño. 
Y los árboles se sentían tan dichosos de volver a tener 
consigo a los niños, que se habían cubierto de capullos 
y agitaban suavemente sus brazos sobre las cabezas de los pequeños. 
 Los pájaros revoloteaban y parloteaban con deleite, 
y las flores reían irguiendo sus cabezas sobre el césped.
 Era una escena encantadora. 
Sólo en un rincón continuaba siendo invierno. 
Era el rincón más apartado del jardín, y allí se encontraba 
un niño muy pequeño. 
Tan pequeño era, no podía alcanzar las ramas del árbol, 
y daba vueltas a su alrededor llorando amargamente. 
El pobre árbol seguía aún cubierto de hielo y nieve, 
y el Viento del Norte soplaba y rugía en torno a él. 


 -¡Sube, pequeño!- decía el árbol, y le tendía sus ramas 
tan bajo como podía; pero el niño era demasiado pequeño. 
El corazón del gigante se enterneció al contemplar ese espectáculo. 
 -¡Qué egoísta he sido- se dijo.
 -Ahora comprendo por qué la primavera no ha venido hasta aquí. 
Voy a colocar al pobre pequeño sobre la copa del árbol,
 derribaré el muro y mi jardín será el parque de recreo 
de los niños para siempre. 
 Estaba verdaderamente apenado por lo que había hecho. 
 Se precipitó escaleras abajo, abrió la puerta principal 
con toda suavidad y salió al jardín. 
 Pero los niños quedaron tan asustados cuando lo vieron, 
que huyeron corriendo, y en el jardín volvió a ser invierno. 
 Sólo el niño pequeño no corrió, pues sus ojos estaban tan llenos de lágrimas, 
que no vio acercarse al gigante. 
Y el gigante se deslizó por su espalda, lo cogió cariñosamente 
en su mano y lo colocó sobre el árbol. 
El árbol floreció inmediatamente, los pájaros fueron a cantar en él,
y el niño extendió sus bracitos, rodeó con ellos el cuello del gigante y le besó. 
 Cuando los otros niños vieron que el gigante ya no era malo, 
volvieron corriendo y la primavera volvió con ellos. 
 -Desde ahora, este es vuestro jardín, queridos niños- dijo el gigante, 
y cogiendo una gran hacha derribó el muro. 
Y cuando al mediodía pasó la gente, yendo al mercado, 
encontraron al gigante jugando con los niños en el más hermoso 
de los jardines que jamás habían visto. 
 Durante todo el día estuvieron jugando y al atardecer fueron 
a despedirse del gigante. 
 -Pero, ¿dónde está vuestro pequeño compañero, 
el niño que subí al árbol?
- preguntó.
 El gigante era a este al que más quería, porque lo había besado. 
 -No sabemos contestaron los niños- se ha marchado.
 -Debéis decirle que venga mañana sin falta
- dijo el gigante. 
 Pero los niños dijeron que no sabían donde vivía 
y nunca antes lo habían visto. 
El gigante se quedó muy triste. 
 Todas las tardes, cuando terminaba la escuela, 
los niños iban y jugaban con el gigante. 
Pero al niño pequeño, que tanto quería el gigante, 
no se le volvió a ver. 
El gigante era muy bondadoso con todos los niños pero 
echaba de menos a su primer amiguito y a menudo hablaba de él. 


 -¡Cuánto me gustaría verlo!- solía decir. 
 Los años transcurrieron y el gigante envejeció mucho 
y cada vez estaba más débil. 
Ya no podía tomar parte en los juegos; 
sentado en un gran sillón veía jugar a los niños y admiraba su jardín.
 -Tengo muchas flores hermosas- decía, pero los niños son las flores más bellas. 
 Una mañana invernal miró por la ventana, mientras se estaba vistiendo. 
Ya no detestaba el invierno, pues sabía que no es sino 
la primavera adormecida y el reposo de las flores. 
 De pronto se frotó los ojos atónito y miró y remiró. 
Verdaderamente era una visión maravillosa. 
En el más alejado rincón del jardín había un árbol 
completamente cubierto de hermosos capullos blancos. 
Sus ramas eran doradas, frutos de plata colgaban de ellas 
y debajo, de pie, estaba el pequeño al que tanto quiso. 
 El gigante corrió escaleras abajo con gran alegría y salió al jardín. 
Corrió precipitadamente por el césped y llegó cerca del niño. 
Cuando estuvo junto a él, su cara enrojeció de cólera y exclamó: 
 - ¿Quién se atrevió a herirte?
- Pues en las palmas de sus manos se veían las señales de dos clavos, 
y las mismas señales se veían en los piececitos. 
 -¿Quién se ha atrevido a herirte?
- gritó el gigante. 
-Dímelo para que pueda coger mi espada y matarle. 
 -No- replicó el niño, pues estas son las heridas del amor.
 -¿Quién eres?- dijo el gigante; 
y un extraño temor lo invadió, haciéndole caer de rodillas ante el pequeño. 
 Y el niño sonrió al gigante y le dijo: 
 -Una vez me dejaste jugar en tu jardín, hoy vendrás conmigo a mi jardín, 
que es el Paraíso. 
 Y cuando llegaron los niños aquella tarde, 
encontraron al gigante tendido,
 muerto, bajo el árbol, todo cubierto de capullos blancos. 
OSCAR WILDE

(IMÁGENES OBTENIDAS EN LA RED)

martes, 11 de diciembre de 2012

¡¡IMPRESIONANTES FOTOS DE UNA NIÑA QUE CRECIÓ EN LA SELVA!!

Las fotos corresponden a una niña francesa  llamada Tippi. 
 Nació en Nairobi, África, en 1990. 
(En la actualidad tiene 22 años) 
 Creció en la selva con sus padres que son fotógrafos de vida salvaje.
 Ellos documentaron la vida de su hija con los animales. 




























(FOTOGRAFÍAS OBTENIDAS EN LA RED)
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