viernes, 12 de junio de 2015

¡¡NACE ANA FRANK, TAL DIA COMO HOY 12 DE JUNIO!!

(Anne Marie Frank; Frankfurt, 1929 - campo de concentración de Bergen-Belsen, 
Alemania, 1945) 
Joven de origen judío que dejó testimonio en un famoso diario de los dos años 
que vivió oculta con su familia para escapar al exterminio nazi. Hija de una familia 
germana de origen judío, 
se trasladó con los suyos a los Países Bajos con la llegada de Hitler al poder 
en 1933. 
Durante la Segunda Guerra Mundial, después de la invasión alemana de Holanda 
en 1940 y de padecer las primeras consecuencias de las leyes antisemitas, 
Ana y su familia consiguieron escondrijo en unas habitaciones traseras, 
abandonadas y aisladas, de un edificio de oficinas 
de Ámsterdam, donde permanecieron ocultos desde 1942 hasta 1944, cuando fueron 
descubiertos por la Gestapo. Ana Frank Ana llevó un diario de ese período de reclusión, 
que su padre, único superviviente de la familia, dio a conocer acabada la guerra, 
después de que Ana y el resto de la familia hubieran sido detenidos y confinados 
en un campo de exterminio, en donde murieron. El Diario constituye un 
conmovedor testimonio de ese tiempo de terror y persecuciones. 
Albert Hackett y Frances Goodrich lo adaptaron al teatro, y George Stevens 
lo llevó al cine en 1959. El Diario de Ana Frank En el Diario, Ana Frank imagina 
que escribe a Kitty, una amiga hipotética, para contarle las peripecias de su vida 
en el escondrijo donde vivió desde el 14 de junio de 1942 al 4 de agosto de 1944, 
cuando la Gestapo descubrió la "dependencia secreta" en la que vivían la familia
 Frank (compuesta por los padres, por Ana y por su hermana mayor Margot), 
la familia Van Daan (la madre, el padre y su hijo Peter) y el dentista Dussel, 
con la vana esperanza de escapar a la captura de los nazis. 
Ana cuenta la vida en aquellos pocos metros cuadrados del refugio en que 
la convivencia de ocho personas, arrancadas de la vida normal, planteaba 
tantos y tan delicados problemas, y narra el desarrollo de la existencia 
cotidiana con tal sencillez, fuerza y verdad, que ello constituye el primer 
encanto de estas páginas. Alejada de sus coetáneos y de los intereses 
que sonreían a su exuberante juventud, pero también, aunque a la fuerza, 
de la barbarie del momento, la autora-protagonista mira y juzga las cosas 
con un candor que subyuga.
 En las páginas del Diario, a menudo alegres y divertidas, asistimos al 
desarrollo intelectual y físico de una muchacha, a la variedad de sus problemas, 
de sus estudios y diversiones a pesar de su reclusión, a sus relaciones
y a sus juicios sobre sus familiares y compañeros de aislamiento 
y sobre los hombres en general. 
Los acontecimientos y fases alternas de la guerra y de la política mundial, 
tal como lograban llegar a aquel refugio aislado, adquieren un aspecto 
nuevo y diferente, con perspectivas insospechadas. Y la vida de una 
reducida colectividad, obligada a compartir la buhardilla en condiciones 
tan dramáticas, se ilumina con episodios singulares, en los que los hechos 
triviales de la vida diaria adquieren una importancia particular, y donde 
una niña con mirada clara y terriblemente objetiva se juzga a sí misma 
y a los adultos, analizándolo todo con gran libertad. 
Ana Frank habla de sus aspiraciones a corazón abierto, y también de 
los peligros, pero con gran conocimiento y sin perder la esperanza. 
Dos personajes del exterior (el señor Kraler, amigo de Otto Frank, y Miep, 
secretaria de Frank y luego de Kraler) son como seres que pertenecen 
a otro planeta y que, como promotores del ocultamiento de los Frank 
y favorecedores de los mismos, parecen redimir al resto de la humanidad 
de sus culpas de complicidad y de miedo. 
 El idilio que se inicia entre Ana y Peter tiene la gracia de una flor espontánea 
en sus diversas fases y manifestaciones; la descripción de la pubertad tiene
 una delicada naturaleza que difícilmente se encuentra en otra parte; el afecto
 por un gato parece el símbolo de los vínculos deseados pero imposibles 
con el mundo externo; las relaciones con los padres (y en particular, con la madre) 
se observan con gran madurez. 
No hay nada que la induzca a prorrumpir en invectivas y a juzgar con acritud 
aquella vida tan injusta y contraria a la naturaleza. "A pesar de todo, 
continúo creyendo en la bondad íntima del hombre", afirma Ana en el Diario; 
estas palabras constituyen la moral de este libro que, nacido como de una 
necesidad personal, tiene la honestidad genuina e inmediata de un desahogo 
espontáneo nunca dirigido a la publicación. 
Las alusiones a los problemas judíos  (que podrían parecer frecuentes en una 
persona que vivía en aquellas condiciones especiales pura y simplemente
 por la "culpa" de pertenecer al pueblo judío) son muy raras, aunque
inspiradas en una extrema dignidad y firmeza: 
Ana pertenecía a una de aquellas familias asimiladas que no habían
 tenido una profunda cultura hebrea y que sólo muy tarde se dieron cuenta 
de todo ello. 
El libro, además de sus valores humanos y documentales, revela en la joven 
autora cualidades literarias nada comunes: el mismo hecho de fingir 
una destinataria para sus confidencias es ya un índice de madurez artística. 
Traducido a todas las lenguas y llevado también al teatro y al cine, 
el Diario de Ana Frank se ha convertido en el paradigma testimonial, más 
impresionante incluso que otros documentos detallados, de la opresión 
sufrida en muchos países bajo el nazismo y de las condiciones en que 
millones de personas se vieron obligadas a vivir con la esperanza de 
escapar al exterminio





(Fuente: http://www.biografiasyvidas.com/biografia/f/frank.htm)